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Protege la salud bucal de tus hijos y evita complicaciones a futuro.

Preguntas frecuentes

Sabemos que, cuando se trata de nuestros pequeños, las dudas pueden agobiarnos. A continuación, resolvemos para ti las más comunes:

¿Cuándo debe ser la primera visita de mi hijo al dentista?

La recomendación de la Academia Mexicana de Odontopediatría es realizar la primera consulta al aparecer el primer diente de leche o antes de cumplir el primer año. Esto permite establecer pautas de higiene preventivas desde el inicio.

Es el área que atiende a niños de 0 a 3 años para prevenir la “caries del biberón” y monitorear la erupción dental. Intervenir a esta edad permite corregir hábitos de succión y asegurar un crecimiento maxilar sano desde la lactancia.

Los dientes de leche son fundamentales para que el niño pueda masticar y hablar correctamente. Además, funcionan como guías de erupción y mantenedores de espacio para los dientes permanentes; su pérdida prematura puede causar apiñamiento dental en el futuro.

Si el hábito persiste después de los 3 años, puede deformar el paladar y causar “mordida abierta” y alteración en el crecimiento de los huesos de la cara. Brindamos orientación y aparatología sencilla para ayudar al niño a dejar el hábito de forma amable, previniendo deformaciones óseas.

Incluso antes del primer diente, se recomienda limpiar las encías con una gasa húmeda o un dedal de silicón tras cada toma. Una vez que aparece el primer diente, es obligatorio iniciar el cepillado con una cantidad mínima de pasta con flúor (del tamaño de un grano de arroz).

Además del cepillado dos veces al día con pasta de al menos 1000 ppm de flúor, es vital evitar el uso prolongado del biberón con jugos o leche antes de dormir y acudir a limpiezas profesionales cada 6 meses.

Sí, en las clínicas modernas utilizamos radiología digital, que reduce la exposición a la radiación hasta en un 90% comparado con las placas tradicionales, además de protectores de plomo específicos para infantes.

La Asociación Mexicana de Ortodoncia recomienda una revisión diagnóstica a los 7 años. A esta edad, podemos detectar problemas de crecimiento óseo y aplicar ortopedia interceptiva, evitando cirugías o extracciones complejas en la adolescencia.

En Bubbles aplicamos técnicas de manejo de conducta personalizadas, como “Decir-Mostrar-Hacer” y refuerzo positivo. Creamos citas cortas y entornos de baja estimulación sensorial para que el paciente se sienta seguro y en control.

Un frenillo lingual corto puede dificultar la lactancia, el habla y la correcta posición de los dientes. En nuestra clínica realizamos frenectomías a edades tempranas para ayudar a prevenir y corregir los efectos del frenillo corto.

Generalmente son signos iniciales de desmineralización o caries incipiente. Detectarlas a tiempo nos permite aplicar tratamientos de remineralización con flúor o infiltrantes de resina sin necesidad de usar el taladro dental.

Debes recuperar el diente (sin tocar la raíz), enjuagarlo con agua fría y colocarlo en un recipiente con leche fría o saliva. Acude a Bubbles en menos de 60 minutos; el tiempo es vital para lograr un reimplante exitoso.

Es un recubrimiento plástico que protege las zonas de masticación donde el cepillo no llega. Suelen durar entre 3 y 5 años, pero requieren revisiones semestrales para asegurar que la barrera protectora siga intacta contra las bacterias.

Sí, este fenómeno se conoce como “dientes de tiburón”. Generalmente ocurre porque el diente permanente no reabsorbió la raíz del de leche; en la mayoría de los casos se resuelve solo con el movimiento de la lengua, pero requiere supervisión para evaluar una posible extracción.

Es un procedimiento para salvar un diente de leche cuando la caries ha llegado al nervio. Consiste en retirar la parte dañada de la pulpa para eliminar el dolor y evitar una extracción prematura, permitiendo que el diente siga funcionando como guía para el permanente.

El rechinar de dientes, conocido como bruxismo infantil, se debe comúnmente al estrés, cambios en la dentición o una mala alineación de los maxilares. Aunque en muchos niños es una etapa pasajera, si persiste puede causar desgaste del esmalte, dolor de mandíbula o dolores de cabeza constantes. Es vital una valoración en Bubbles para descartar problemas de mordida o apnea del sueño; en casos necesarios, se recomienda el uso de guardas o terapia de relajación antes de dormir.

La edad ideal para iniciar con ortopedia funcional o “paladares” suele ser entre los 6 y 7 años. A esta edad, los huesos maxilares aún son maleables y podemos corregir problemas de crecimiento óseo, falta de espacio o mordidas cruzadas sin necesidad de cirugías futuras. No esperamos a que se caigan todos los dientes de leche; intervenimos mientras el niño crece para guiar su estructura facial de forma armónica.

Cada estructura ósea y genética es única; lo que en un niño no causó daño, en otro puede provocar deformidades óseas irreversibles, como el paladar ojival o la mordida abierta. Corregir hábitos como la succión del pulgar o el uso prolongado del chupón a tiempo evita tratamientos de ortodoncia largos, costosos y complejos en la adolescencia. Prevenir una malformación siempre es más sencillo y económico que corregir un hueso ya desarrollado.

La caries es una enfermedad multifactorial; no solo depende del azúcar, sino del tiempo de contacto de los alimentos en la boca, la calidad de la saliva y la técnica de cepillado. Carbohidratos simples (pan, galletas, jugos naturales) que se quedan pegados en las muelas son tan cariogénicos como un dulce. Asegúrate de usar una pasta con 1100 a 1450 ppm de flúor y realizar el cepillado nocturno bajo supervisión adulta, ya que los niños pequeños aún no tienen la destreza motriz para eliminar toda la placa.

Es normal que los niños vean el cepillado como una interrupción del juego; la clave es la supervisión activa y la gamificación. Hasta los 8 o 9 años, los padres deben realizar o repasar el cepillado nocturno, ya que el niño aún no tiene la habilidad manual necesaria para llegar a todas las zonas. Utiliza relojes de arena de 2 minutos, aplicaciones con música o apps de cepillado. Convierte el hábito en un momento de conexión y recuerda que el ejemplo es el mejor maestro: ¡lávense los dientes juntos!

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